El desgarrador testimonio del empresario secuestrado en Trujillo, Jenss Lara
15.09.2026 / 21:46 Felipe Morales
Durante la audiencia de pedido de 36 meses de prisión preventiva contra Johnson Smith Cruz Torres, alias ‘Johnson Pulpo‘, presunto cabecilla de la organización criminal ‘Los Pulpos’ de Trujillo, y otros 13 investigados, principales sospechosos del secuestro del empresario minero Jenss Lara Tantaquilla y del homicidio de cuatro jóvenes que lo acompañaban, se dieron a conocer las declaraciones de la única víctima que logró salir con vida de este ataque armado.
Distanciamiento de la minería ilegal y cobro de cupos
En su manifestación ante la Policía Nacional del Perú, Jenss Lara Tantaquilla aseguró no registrar antecedentes delictivos ni haber recibido amenazas previas por cobro de cupos. El empresario rechazó las hipótesis fiscales que lo vinculaban con disputas entre bandas criminales como ‘Los Pulpos’ y ‘La Jauría’, precisando además que, aunque su familia pertenece al sector minero, él ya no ejerce dicha actividad económica.
“Yo no he tenido problemas con nadie, siempre me ha gustado vivir tranquilo, entonces no he vivido apeligrado. Nunca he pertenecido a una banda criminal, nunca he pagado un cupo, es por eso la tranquilidad y la confianza en la que yo vivía“, remarcó.
Confusión durante la emboscada en la vía pública
Lara explicó que se encontraba dormido en el vehículo tras salir de una discoteca en la avenida Virgen de Fátima cuando se produjo la interceptación en la avenida Húsares de Junín, en Trujillo. Debido a que los captores vestían indumentaria policial y descendieron de una camioneta similar a un patrullero, la víctima pensó inicialmente que se trataba de una intervención oficial, por lo que acató las órdenes sin oponer resistencia.
“Cuando desperté escuché que decía ‘no me hagan daño, ¿por qué hacen eso?‘ Entonces, yo como estaba en medio, entre Luis y Nadia, desperté un poco asustado por los gritos y veo a la Policía. Para mí era un policía, entonces yo le digo: ‘Tranquilo, yo voy a bajar‘“, narró.
Exigencia millonaria y cautiverio
Tras ser trasladado al sótano de un inmueble alquilado en la urbanización San Isidro, los delincuentes le exigieron el pago de dos millones de dólares a cambio de su liberación. Pese a que el empresario argumentó que su familia no disponía de ese monto inalcanzable, un integrante de la banda afirmó haberle realizado un seguimiento prolongado y sostuvo la exigencia económica bajo la premisa de que sus parientes debían endeudarse o vender propiedades.
“Entonces, le dije ‘es imposible que mi familia tenga dos millones de dólares’ y le recalqué que no soy minero“. Él respondió: ‘Yo te vengo haciendo seguimiento hace mucho tiempo’. Entonces, le dije: ‘Con más justa razón, si me vienes haciendo seguimiento hace mucho tiempo, deberías saber que no soy minero, no hago minería hace muchos años‘”, aseveró.
Tortura psicológica y amenazas de mutilación
Durante el encierro, los secuestradores obligaron a la víctima a grabar un video de fe de vida bajo la amenaza explícita de amputarle los dedos si su familia no entregaba la suma requerida antes del plazo fijado. Lara narró la severa presión física derivada del uso prolongado de las esposas y describió que las amenazas de mutilación continuaron aun cuando el plazo fue extendido por los captores.
Liberación en Huanchaco y hallazgo final
El empresario contó que fue liberado en una zona de cañaverales cercana al cementerio camino a Huanchaco, donde los delincuentes lo extrajeron de la maletera de un vehículo tras llegar a un acuerdo económico con sus familiares y lo abandonaron en ese lugar. Después de unos 15 minutos, llegaron sus familiares (papá, hermano y primos) para recogerlo. Es recién en ese momento que Lara supo que los cuatro jóvenes que lo acompañaban en el vehículo la noche del secuestro habían sido ejecutados.
“Abrieron la maletera, me sacaron, me empujaron, me botaron y me dijeron: ‘Quédate acá‘. Cuando sentí que se habían ido, me empecé a sacar las esposas, que ya las tenía adelante. Me empecé a sacar las vendas, la cinta de la boca. Allí esperé aproximadamente 15 minutos y llegó mi papá, mis primos y mi hermano a recogerme. Posterior a eso, nos hemos venido a la casa“, enfatizó.
Identificación del perfil de los captores
En relación con la identidad de los delincuentes, Lara detalló a las autoridades que logró interactuar con al menos tres personas en el lugar de cautiverio. La víctima precisó que los sujetos eran de estatura baja —inferior a su 1.70 metros— y que, por su modulación y acento, se trataba de ciudadanos peruanos con acento característico de la ciudad de Trujillo, descartando la participación de extranjeros en la custodia directa.
“Logré diferenciar que eran dos personas y también puedo precisar que eran más bajas que yo, porque yo lo sentía cuando me paraba. Yo mido 1.70, pero al momento que me sacan llega una tercera persona. La recuerdo perfectamente, porque era una voz distinta que me dice: ‘A mí no me importa nada, si haces algo, te mato. Recuerdo que todas las voces que escuché eran de las personas que me cuidaban. Esas son las que más recuerdo, eran peruanos, como trujillanos“, concluyó.