En pleno desierto de Chilca, al sur de Lima, una enorme planta siderúrgica se levanta a toda velocidad. Grúas, excavaciones profundas y estructuras metálicas gigantes dominan un terreno de más de 14 hectáreas en el sector San Bartolito, en la provincia de Cañete. Las obras comenzaron hace meses y el proyecto ya muestra un avance considerable.
El complejo pertenece a Acero Lima Shenglong S.A.C., empresa de capitales chinos creada en julio de 2024 por tres ciudadanos de esa nacionalidad. Según los documentos del proyecto, la planta busca producir hasta 700 mil toneladas anuales de acero, entre alambres y láminas, lo que la convertiría en una instalación industrial de gran escala.
SIN LICENCIAS
Sin embargo, la construcción presenta un problema clave: la empresa inició las obras sin contar con licencias de construcción ni habilitación urbana. Tampoco tenía aprobado el requisito previo más importante para este tipo de proyectos industriales: el estudio de impacto ambiental.
De acuerdo con información proporcionada por el Ministerio de la Producción del Perú y el Servicio Nacional de Certificación Ambiental para las Inversiones Sostenibles, hasta la fecha la empresa no ha presentado ningún estudio de impacto ambiental para el proyecto. Lo único tramitado ha sido un plan de participación ciudadana, aprobado el 2 de octubre, cuando las obras ya estaban en marcha.
Para el especialista en derecho ambiental César Ipenza, este requisito no es un simple trámite. Explica que el sistema de evaluación ambiental es obligatorio en el país y que ninguna obra de esta magnitud puede iniciarse mientras se encuentra en etapa de evaluación, ya que el estudio es el paso previo para obtener otras autorizaciones.
A pesar de ello, los trabajos avanzaron durante meses. En diciembre de 2025, el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental realizó una inspección en la zona. La entidad no sancionó a la empresa argumentando que la planta no estaba operando y que el día de la intervención las obras se encontraban paralizadas.
No obstante, imágenes registradas en enero de 2026 muestran que la infraestructura del proyecto ya estaba bastante avanzada. Según Ipenza, incluso si la planta aún no produce acero, el desarrollo de infraestructura forma parte del proyecto y podría encajar dentro de las infracciones ambientales consideradas como muy graves.