Tren de Aragua: tres claves del modelo criminal que nació en la cárcel
José Luis Pérez Guadalupe advierte que el grupo delincuencial venezolano replica su sistema carcelario en las calles, con dominio territorial, extorsión y trata de personas.
28.05.2025 / 14:39 ybances@latina.pe
El Tren de Aragua, una de las organizaciones criminales más peligrosas de América Latina, no nació en las calles, sino dentro de las cárceles venezolanas. Así lo explicó el investigador y exministro del Interior José Luis Pérez Guadalupe en el podcast “Agente Encubierto”, donde analizó cómo este grupo expandió su poder desde los penales hasta diversos países de la región, incluido el Perú.
“El fenómeno del Tren de Aragua es esencialmente carcelario. Su gobernanza comienza en prisión, donde controlan a los internos a través de tres pilares: concentración de poder, dominio territorial y diversificación criminal”, señaló el también catedrático de la Universidad del Pacífico.
Uno de los mecanismos más comunes dentro de las cárceles, según Pérez Guadalupe, es el cobro de “la causa”, que es la cuota que deben pagar los presos por estar encarcelados. Este modelo se traslada a las calles en forma de extorsión, conocida como “vacuna”.
“El mismo esquema de control que aplicaron en las prisiones lo llevan al barrio. La extorsión se convierte en su fuente de ingreso y así operan en distintas zonas”, advirtió.
MIGRACIÓN Y EXPANSIÓN DEL CRIMEN
El especialista también analizó cómo la migración masiva venezolana, especialmente desde 2015, ha sido aprovechada por grupos como el Tren de Aragua para expandirse en países vecinos.
“Acompañan a los migrantes y se camuflan entre ellos. Primero extorsionan a sus propios paisanos, luego los obligan a transportar mercadería ilegal. De ahí al tráfico y la trata de personas hay solo un paso”, indicó.
Pérez Guadalupe subrayó que el Tren de Aragua no colabora con otras mafias: su objetivo es dominar. “No trabajan con nadie más. Su lógica no es cooperar, sino imponer su modelo criminal”, detalló.
Guadalupe también reveló que el 62% de las cárceles en Venezuela están dominadas por los presos, lo que evidencia la fragilidad del sistema penitenciario y la facilidad con la que el crimen organizado puede exportar su lógica de poder hacia el exterior.