La pesadilla del transporte público: 16 millones de viajes diarios en un sistema caótico
10.08.2025 / 20:20 gponce@latina.pe
En medio de la creciente inseguridad y el caos en el transporte público de Lima y Callao, un cobrador de la empresa “El Tigrillo” fue asesinado la madrugada del viernes en San Martín de Porres al intentar impedir el ataque a un conductor. El bus, que estaba lleno de pasajeros, se convirtió en escenario de una nueva tragedia que evidencia la vulnerabilidad de quienes trabajan y viajan en el sistema público de transporte.
El transporte informal domina las principales avenidas y somete a los conductores formales al cobro de cupos por parte de extorsionadores. Esto ha venido encareciendo los pasajes y obligando a muchos trabajadores a destinar gran parte de sus ingresos diarios a movilizarse.
Este es el caso de Milagros, una joven que entre el pago del colectivo de Mala hacia Lima y los pasajes de alimentador y Metropolitano hacia Miraflores, gasta 30 soles diarios para llegar a su centro de labores; así como ocho horas que emplea diariamente para trasladarse.
Son aproximadamente 16 millones de viajes diarios los que se realizan en Lima y Callao. De estos, el 85 % corresponde al transporte tradicional, en un sistema obsoleto y caótico.
En paraderos clandestinos, combis con más de 20 años de antigüedad y choferes con miles de soles en papeletas siguen operando sin control. Incluso, algunas de estas unidades que acumulan sanciones, pertenecen a empresas que transportan a fiscalizadores. La situación refleja un sistema obsoleto, inseguro y sin un plan integral que garantice el servicio a millones de usuarios que dependen de él a diario.
Pese a los operativos, la Autoridad de Transporte Urbano (ATU) reconoce que la fiscalización no alcanza a todos los puntos críticos. En lo que va del año, se han incautado 500 vehículos informales, de los cuales 214 serán destinados al chatarreo.
Sin embargo, tras el retiro temporal de los fiscalizadores, las unidades irregulares regresan de inmediato, manteniendo el desorden y la amenaza constante para transportistas y pasajeros.
Mientras tanto, las calles siguen tomadas por el transporte informal, los usuarios padecen viajes inseguros y los conductores formales trabajan bajo el miedo constante de perder no solo su sustento, sino también la vida.