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Lima

Eduardo Collazos, el peruano que conquistó el ‘Desafío de los Siete Mares’

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gponce@latina.pe
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Menos de 40 personas en todo el mundo han logrado completar el Desafío de los Siete Mares, una de las pruebas más exigentes de la natación en aguas abiertas. Se trata de cruzar 7 estrechos y canales, conocidos por sus aguas frías, corrientes impredecibles y fauna peligrosa.

Entre ese grupo reducido ahora figura un peruano: Eduardo Collazos, odontólogo, padre de familia y amante del mar.

Con 54 años de edad, Collazos acaba de convertirse en el primer peruano y segundo sudamericano en completar el reto, que incluye travesías como el Canal de la Mancha (entre Inglaterra y Francia) y el Estrecho de Tsugaru, en Japón, el último que logró cruzar para sellar su hazaña.

“A veces todavía no me la creo. En mi oficina tengo una pizarra con todos los cruces que he hecho y cuando la miro pienso: ‘¿De verdad hice todo eso?’”, contó.

AÑOS DE ESFUERZO

El camino no fue corto. Comenzó en 2018 con la vuelta a Manhattan, uno de los tres recorridos que forman parte de la llamada Triple Corona de la natación. Al año siguiente cruzó con éxito el Canal de la Mancha. La pandemia de 2020 interrumpió sus planes, pero en 2021 logró nadar el Canal de Catalina, en California, completando así ese primer hito. El resto de mares vinieron después.

Cada travesía demandó una preparación meticulosa: alimentación, clima, logística y un equipo que lo acompañaba desde una embarcación de apoyo. Siempre estaba allí su esposa, vigilante, atenta a cada brazada. Incluso, en algunas oportunidades se sumaban sus hijos.

“Mi familia es mi núcleo, lo más fuerte que uno tiene”, dice.

Nadar más de 14 horas sin descanso no solo exige resistencia física, también una fortaleza mental fuera de lo común. Las temperaturas gélidas, las corrientes y las criaturas del océano son parte del reto.

“Los tiburones están ahí, pero lo que más nos cuesta son las malaguas. En Hawai hay una tan tóxica que puede matarte. Yo estuve 48 horas con el cuerpo ardiendo después de una picadura en el mar del norte de Irlanda”, recuerda.

Pero más allá de los obstáculos, hubo una motivación más fuerte que el miedo: una bandera peruana firmada por nadadores de aguas abiertas que lo acompañó en cada desafío, como una promesa silenciosa a su comunidad.

EL MAR COMO REFUGIO

Collazos no busca títulos ni reconocimientos. Nada por pasión, por amor al océano. Para él, nadar es meditación en movimiento, es conexión, es libertad.

“Es un lugar donde me encuentro a mí mismo. Es donde me gustaría terminar”, confiesa.

Hoy, los siete mares ya conocen su nombre. Y aunque Eduardo Collazos no se ve como un héroe, su historia inspira a muchos. Porque detrás de cada ola que enfrentó, dejó una lección: el mar no solo pone a prueba la resistencia humana, también revela su grandeza.

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