Dyango fue el último en cantar y dejó una presentación memorable. Su actuación destacó por la precisión vocal, el sentimiento y la elegancia interpretativa, logrando transmitir la esencia del icónico baladista y considerando que el cantante original le duplica la edad, la imitación resultó aún más admirable.
Billie Eilish fue la séptima en presentarse y logró transmitir por completo la esencia de la cantante. Con un tono de voz muy parecido al original, una interpretación cargada de energía y un trabajo actoral sólido, se metió de lleno en el personaje.
Gloria Trevi fue la sexta en presentarse y rápidamente se adueñó del escenario. Con mucha fuerza, baile, actitud y una presencia escénica impecable, logró prender al público desde el primer instante. Su energía contagiosa y su capacidad para armar un show completo la posicionaron como una de las actuaciones más potentes de la noche.
Salim Vera fue el quinto en presentarse y rápidamente llamó la atención por su fuerte presencia en el escenario. Su actitud, movimientos y energía evocaron al Salim original. La combinación de actitud rockera y seguridad escénica consolidó una actuación que se sintió como un verdadero homenaje al vocalista de Libido.
Mon Laferte ofreció uno de los momentos más emotivos de la noche. Su voz fuerte y llena de matices logró transmitir cada emoción de la canción, mientras su parecido con la cantautora chilena intensificó la conexión con el público. Su entrega sobre el escenario dejó claro por qué se ganó los aplausos y el reconocimiento de la audiencia.
Los imitadores de Slipknot fueron los terceros en subir al escenario de “Yo Soy”, y su actuación no pasó desapercibida. Con una energía arrolladora y una puesta en escena fiel al estilo de la banda, lograron una interpretación contundente, precisa y llena de fuerza, dejando claro por qué se convirtieron en uno de los números más impactantes de la noche.