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Cómo comer según tu edad para vivir más y mejor: la nueva propuesta de los científicos

La dieta es uno de los factores que más influye en nuestra salud y nuestra esperanza de vida. Sin embargo, no todas las dietas son iguales ni tienen los mismos efectos en cada etapa de la vida.

La dieta es uno de los factores que más influye en nuestra salud y nuestra esperanza de vida. Sin embargo, no existe una dieta única ni universal que se adapte a todas las personas ni a todas las edades. Por eso, un grupo de científicos ha propuesto una nueva forma de entender la relación entre la dieta y la edad, basada en la evidencia científica y en el concepto de nutrición personalizada.

Según investigadores del Instituto Babraham de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), la dieta ideal para cada persona depende de su edad, su genética, su estado de salud y sus objetivos. Parece obvio, pero pocas veces se piensa en ello.

Así, lo que puede ser beneficioso para una persona joven puede no serlo para una persona mayor, y viceversa. Por ejemplo, una dieta baja en calorías puede ayudar a prevenir el sobrepeso y las enfermedades crónicas en la juventud, pero puede aumentar el riesgo de desnutrición y fragilidad en la vejez.

Los científicos han identificado cuatro fases de la vida en las que la dieta puede tener un impacto diferente en la longevidad: la infancia y la adolescencia, la edad adulta temprana, la edad adulta media y la edad avanzada. En cada una de estas fases, se recomienda seguir unas pautas nutricionales específicas, adaptadas a las necesidades y características de cada individuo.

LA MEJOR DIETA PARA NIÑOS Y ADOLESCENTES

En la infancia y la adolescencia, el objetivo es favorecer el crecimiento y el desarrollo óptimo del organismo, así como prevenir el exceso de peso y las carencias nutricionales. Para ello, se aconseja consumir una dieta variada y equilibrada, rica en proteínas, calcio, hierro, zinc y vitaminas A, D y B12. Estos nutrientes se pueden obtener de alimentos como la carne, el pescado, los huevos, los lácteos, las legumbres y los cereales integrales.

En la edad adulta temprana, el objetivo es mantener un peso saludable y prevenir el envejecimiento prematuro de las células. Para ello, se recomienda seguir una dieta moderada en calorías, baja en grasas saturadas y trans, azúcares añadidos y sal, y alta en fibra, antioxidantes y ácidos grasos omega-3. Estos compuestos se pueden encontrar en alimentos como las frutas, las verduras, los frutos secos, el aceite de oliva y el vino tinto.

En la edad adulta media, el objetivo es reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes, cáncer y demencia. Para ello, se sugiere adoptar una dieta antiinflamatoria e hipocalórica, que restrinja el consumo de carbohidratos refinados y proteínas animales, y que aumente el consumo de alimentos vegetales, fermentados y probióticos. Estos alimentos incluyen el té verde, el yogur, el kéfir, el kimchi y el chocolate negro.

LA MEJOR DIETA PARA LA TERCERA EDAD

En la edad avanzada, el objetivo es preservar la masa muscular y ósea, así como mejorar la función cognitiva y el estado de ánimo. Para ello, se propone seguir una dieta hiperproteica e hipolipídica, que incremente el consumo de proteínas de alta calidad biológica y que disminuya el consumo de grasas saturadas y colesterol. Estas proteínas se pueden obtener de fuentes como el suero de leche (whey), el pescado azul o los suplementos.

Los científicos afirman que esta nueva forma de entender la relación entre la dieta y la edad podría ayudar a reescribir las reglas de la longevidad. Sin embargo, advierten que no hay una solución mágica ni definitiva para vivir más y mejor. Por eso, recomiendan consultar con un profesional de la nutrición antes de hacer cambios en la alimentación.

Entre los científicos que han participado en esta propuesta se encuentra Dorottya Horkai, una investigadora del Instituto Babraham que está estudiando los mecanismos moleculares que regulan el envejecimiento y cómo podemos intervenir en ellos mediante cambios en la dieta. “Estoy muy interesada en estudiar el efecto de la galactosa, un tipo de azúcar, en la expresión génica y la senescencia de las células de levadura. He descubierto que la galactosa puede prevenir el envejecimiento prematuro y mantener un perfil juvenil en las células, lo que podría tener implicaciones para otras especies, incluyendo los humanos. Mi objetivo es entender cómo la galactosa actúa a nivel molecular y si podemos aprovechar sus beneficios para mejorar la salud y la calidad de vida de las personas mayores”, explica Horkai.

4 septiembre 2023

Actualizado el : 4 septiembre 23 | 2:37 pm

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