El Jubileo Ordinario 2025 iniciado por el papa Francisco llegó a su fin de la mano del papa León XIV
Con el solemne cierre de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, el papa León XIV clausuró este martes el Jubileo Ordinario 2025, un Año Santo que marcó profundamente a la Iglesia católica y que estuvo atravesado por un momento histórico de transición: fue inaugurado en los últimos días del pontificado del papa Francisco y concluido ahora por su sucesor, el primer papa peruano.
La ceremonia tuvo lugar en el marco de la solemnidad de la Epifanía del Señor. El Santo Padre presidió la Eucaristía en la Basílica Vaticana ante miles de fieles y peregrinos llegados de distintas partes del mundo. Al inicio de la celebración, León XIV realizó el rito del cierre de la Puerta Santa, gesto simbólico que pone fin al tiempo jubilar y que representa la culminación de un período especial de gracia, conversión y reconciliación para la Iglesia universal.
Durante su homilía, el papa subrayó el sentido espiritual de la Epifanía y su vínculo con el Año Santo. “Celebramos hoy la Epifanía del Señor, conscientes de que ante su presencia nada sigue como antes. Este es el comienzo de la esperanza”, afirmó, retomando el espíritu que animó al Jubileo 2025, cuyo lema fue “Peregrinos de la esperanza”.
¿QUÉ FUE EL AÑO JUBILAR?
El Jubileo Ordinario 2025 fue convocado por el papa Francisco y se inscribe en una tradición centenaria de la Iglesia, que celebra un Año Santo ordinario cada 25 años. A lo largo de este tiempo, millones de personas cruzaron las Puertas Santas en Roma y en las iglesias designadas en todo el mundo, participando en peregrinaciones, celebraciones litúrgicas y obras de caridad.
Al finalizar el Año Jubilar, el papa León XIV expresó su preocupación y, al mismo tiempo, su admiración por “la búsqueda espiritual de nuestros contemporáneos”, una realidad que —según señaló— es mucho más rica y profunda de lo que a veces se alcanza a comprender. En ese contexto, el pontífice se preguntó por las motivaciones de los innumerables hombres y mujeres que se pusieron en camino durante este tiempo de gracia: “¿Quiénes eran y qué les movía?”.
“Millones de ellos han atravesado el umbral de la Iglesia. ¿Qué es lo que han encontrado? ¿Qué corazones, qué atención, qué reciprocidad?”, reflexionó el papa, comparando a los peregrinos de hoy con los magos del Evangelio. “Sí, los magos aún existen. Son personas que aceptan el desafío de arriesgar cada uno su propio viaje; que en un mundo complicado como el nuestro —en muchos aspectos excluyente y peligroso— sienten la exigencia de ponerse en camino, en búsqueda”, agregó.
Con estas palabras, León XIV cerró no solo un Año Santo, sino también una etapa marcada por la esperanza, invitando a la Iglesia a continuar acogiendo, escuchando y acompañando la búsqueda espiritual de la humanidad.