Camisea en emergencia: la crisis del gas que le cuesta al Perú US$ 200 millones al día
En el kilómetro 43 de Megantoni, distrito ubicado en Cusco, uno de los ductos más importantes de la Planta de Camisea de gas natural, tuvo una explosión que desató una de las mayores crisis energéticas que enfrenta el Perú en los últimos años. El incidente obligó al gobierno de turno cortar casi en su totalidad el suministro de gas hacia la costa, lo que afectó al transporte, la industria y millones de hogares. Sin embargo, también comunidades aledañas a la zona del incidente denunciaron cargas altas de contaminación del aire que ha enfermado a algunas personas.
Desde el corte del gas en Lima, largas colas de automóviles se han formado en los grifos, el alza de los combustibles ha vuelto el tráfico habitual de la capital en un caos por conseguir un poco de GLP. Ante ello, el gobierno de Balcázar ha ordenado el teletrabajo para el sector público y clases virtuales en todos los colegios con el fin de reducir el consumo energético.
Las consecuencias del incidente de Camisea
Según las primeras indagaciones de la fuga en el ducto de gas natural, indican que se habría generado en un punto de calor que terminó por afectar el material del tubo, provocando la deflagración. La empresa Transportadora de Gas del Perú (TGP) indicó que el incidente ocurrió mientras una compañía contratista realizaba trabajos de mantenimiento preventivo en la zona.
El impacto fue inmediato. El gobierno decidió priorizar el gas disponible para los sectores críticos (como los hogares y el transprote público) y suspendió temporalmente la venta de gas natural vehicular (GNV) para autos particulares y taxis. En el Perú, se estima que más de 350 mil vehículos funcionan con este combustible, muchos de ellos dedicados al servicio del taxi. Con el precio del gas licuado de petróleo (GLP) -ahora usado como combustible principal- al alza, miles de conductores ven afectado su principal trabajo.
La industria también sintió el golpe. Empresas de alimentos, textiles, acero y otros sectores de que dependen del gas natural han tenido que cambiar temporalmente a diésel o GLP, combustibles mucho más caro que el GNV. Según la Sociedad Nacional de Industrias, el impacto económico podría alcanzar los 200 millones de dólares por día. Este encarecimiento productivo terminaría trasladándose al precio de la canasta básica, afectando directamente al bolsillo de las familias.
Por otro lado, el GLP también escasea. Pluspetrol, una de las empresas que se encarga de la creación de este combustible en el país, señala que, debido a la falta de gas natural, la planta de Pisco, que se alimenta de Camisea, se ha visto seriamente afectada paralizando su producción. Ossinergmin señala que su inventario cuenta con 12 días para contener el pedido del mercado interno, pero el precio sigue subiendo, y también en otras provincias y ciudades.
Comunidades denuncian enfermedades tras explosión
Hay otra cara de la ciudadanía que ha visto su salud afectada por el siniestro. Comunidades cercanas a la deflagración reportaron haber escuchado la explosión como un derrumbe de los cerros, también observaron una enorme columna de fuego que se elevó sobre el espesor de la selva.
Vecinos denunciaron que, por los restos del accidente, han sufrido mareos, irritación, fiebre y otros síntomas; además, señalaron posibles daños al ecosistema del lugar.
Más allá del accidente, especialistas advierten que la crisis ha dejado al descubierto una debilidad estructural del sistema energético peruano: la dependencia de un solo ducto para transportar el gas que abastece a la capital y buena parte del país.