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Elecciones 2026: el comportamiento de los niveles socioeconómicos a la hora de votar

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Treinta y seis candidatos buscarán captar la atención de más de 27 millones de peruanos en el camino hacia las elecciones presidenciales de 2026. Algunos enfocarán sus mensajes en el voto joven, otros en las zonas rurales y no faltarán quienes apuesten por el respaldo del sur del país. Sin embargo, existe un factor que los postulantes no pueden pasar por alto: la distribución de los niveles socioeconómicos (NSE), un elemento que en procesos anteriores ha marcado diferencias clave en los resultados.

La campaña recién empieza, pero las promesas ya están sobre la mesa. La pregunta es cuánto conocen realmente los aspirantes a la presidencia sobre las demandas de los sectores a los que buscan representar. “Cada sector socioeconómico está esperando algo distinto del Estado y de los políticos”, explica el analista Alejandro Boyco, quien subraya que no existe un electorado homogéneo en el país.

Las cifras lo confirman. A nivel nacional, los niveles socioeconómicos D y E concentran el 61.5 % de los hogares, mientras que en Lima el panorama es distinto: el 45.5 % de las familias pertenece al nivel C y solo el 21 % se ubica en los niveles A y B. Esta diferencia regional ha sido determinante en elecciones pasadas. Boyco recuerda que en cada proceso aparece un candidato fuertemente asociado a la élite limeña, pero la tendencia muestra que ese perfil rara vez logra pasar a segunda vuelta.

Casos como los de Lourdes Flores en 2001 y 2006, Pedro Pablo Kuczynski en 2011, y más recientemente Rafael López Aliaga y Hernando de Soto en 2021, evidencian esa dificultad. No obstante, el respaldo popular en Lima tampoco garantiza éxito nacional. El politólogo Fernando Tuesta pone como ejemplo a Luis Castañeda Lossio, quien pese a su amplio apoyo en la capital, tuvo un desempeño limitado a nivel país.

LA HERENCIA DE 2021

El peso del NSE se hizo aún más visible en las elecciones de 2021. Según Boyco, el apoyo a Pedro Castillo creció conforme disminuía el ingreso familiar, convirtiéndolo en el candidato que más capitalizó el voto de los sectores de menores recursos en las últimas dos décadas. Aun así, los especialistas advierten que estos patrones no son rígidos y pueden cambiar incluso semanas antes de la votación, en un país con partidos débiles y alta volatilidad electoral.

Hoy, la inseguridad ciudadana golpea con fuerza a la clase media y baja, mientras que en el sur persiste un quiebre profundo tras los hechos de Juliaca y Ayacucho. En este escenario, los analistas coinciden en que los discursos polarizados, centrados solo en las élites, difícilmente conectarán con el NSE C, uno de los bolsones electorales más grandes.

Con 36 candidatos en carrera, las encuestas muestran intenciones de voto muy bajas y dispersas. Quedan pocos meses para las urnas, pero en el Perú, ese tiempo puede redefinir por completo el tablero electoral.

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