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Política

La frontera de la Panamericana Sur: seis días de agonía, respuesta tardía y una muerte tras bloqueo por huaicos

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La frontera de la Panamericana Sur: seis días de agonía, respuesta tardía y una muerte tras bloqueo por huaicos
Agustín Sosa
Agustín Sosa
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La Panamericana Sur dejó de ser una carretera y se convirtió en una frontera de barro, rocas y desesperación. Entre Ocoña y Ático, en Arequipa, 15 derrumbes provocados por las intensas lluvias asociadas a la DANA Aníbal bloquearon los kilómetros 711 y 780 y dejaron a cientos de pasajeros y transportistas aislados. El equipo de Punto Final llegó hasta la zona para conocer las historias de quienes quedaron atrapados.

Para llegar hasta ellos hubo que caminar durante horas entre el lodo, las piedras y los vehículos inmovilizados. El recorrido comenzó en Cerro de Arena, continuó hasta Ático y luego hasta Quebrada Honda. Algunos pasajeros llevaban varios días esperando una salida mientras la carretera permanecía bloqueada y existía el riesgo de nuevos deslizamientos.

Sobrevivir al huaico sin comida, medicamentos y ausencia del Estado

Uno de los rostros encontrados fue el de Pedro Barreda, un conductor con 40 años frente al volante que se dirigía hacia Tacna cuando el huaico lo sorprendió. Tuvo que salir prácticamente semidesnudo de su cabina y recibió ayuda de otros camioneros para poner a salvo su vehículo. Sin embargo, después de sobrevivir al huaico llegaron cinco días con dificultades para conseguir comida y hasta tuvo que recibir unas zapatillas para poder caminar entre el barro.

Luis Sulca también observó el peligro desde un cerro y logró poner su vehículo a salvo antes de que aumentara la fuerza de la corriente. Pero no todos corrieron con la misma suerte. La familia Huanueño llegó desde Satipo para intentar rescatar el camión de su sobrino Oliver, que terminó en el fondo de un abismo. Las diez toneladas de piñas que transportaba quedaron esparcidas por la zona y terminaron alimentando a pasajeros y transportistas que llevaban días varados.

Entre quienes necesitaban salir estaba Luzmila Ricapa, una paciente oncológica que debía llegar a Tacna para continuar con su tratamiento. Con sus medicamentos en la mano, caminó durante más de cuatro horas porque no podía seguir esperando en la carretera. “Mis pastillas ya se acabaron. Por eso me tengo que caminar”, relató.

La emergencia también alcanzó a familias y animales. Una madre atravesó el fango cargando a su hija sobre los hombros, mientras Cometa, un perro bóxer, tuvo que recorrer junto a su dueña el mismo camino de barro hacia Ático. Para quienes estaban allí, cada trayecto se convirtió en una prueba para conseguir comida, atención médica o simplemente continuar el viaje.

Una muerte en medio del aislamiento y una respuesta que llegó tarde

La historia más trágica fue la de María Jesús Aparcana, de 68 años, quien viajaba junto a su esposo, Carlos Espino. En el sector de Quebrada Honda sufrió una descompensación y cayó al barro. Algunos camioneros intentaron auxiliarla, pero comenzó a convulsionar. La inaccesibilidad de la zona impidió el ingreso de una ambulancia y, dos horas después, María Jesús murió.

Mientras la carretera continuaba bloqueada, también crecía el riesgo de desabastecimiento. El GLP comenzaba a escasear y la interrupción de la Panamericana Sur amenazaba el traslado de cisternas hacia las instalaciones de Pluspetrol. La vía ya no solo impedía el tránsito: empezaba a afectar una cadena de abastecimiento.

Finalmente, el Gobierno central dispuso un puente aéreo para evacuar a los pasajeros en helicópteros, con una capacidad aproximada de 24 personas por vuelo. El ministro de Defensa, Rafael Belaúnde, explicó que no había helicópteros disponibles en Arequipa y que tuvieron que ser trasladados desde el Vraem y Madre de Dios. La presidenta Keiko Fujimori llegó posteriormente a la zona para supervisar las labores de traslado y atención, repartiendo discos de piña.

En total, 972 personas fueron evacuadas por las Fuerzas Armadas. Para quienes permanecieron atrapados durante esos días, la emergencia dejó algo más que el recuerdo de una carretera bloqueada. Dejó la experiencia de esperar durante horas una respuesta a una pregunta tan simple como urgente: ¿cómo salir de aquí?

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