Lima, la provinciana: las voces que esperan agua, desagüe y mejores colegios más que las urnas
“Dicen que te voy a hacer tu pista, tu calle, que te voy a dar esto y lo otro, pero no, siempre dicen eso, pero no hay”, cuenta María Angélica, limeña del distrito de Lurigancho. Ella es una de las tantas voces ciudadanas de la capital que viven en los distritos periféricos de la metrópoli y que piden que los candidatos cumplan sus promesas, como la instalación de servicios básicos de agua, desagüe y salud, la instalación de áreas verdes y mejor infraestructura para los pequeños en los colegios. Pero lamentablemente, muchos de ellos sienten que su voto no cuenta.
Punto Final viajó a los distritos de Carabayllo, Lurigancho y Santa Rosa para recopilar los testimonios de la Lima que pide urgentemente mejor atención del Estado debido al abandono de sus calles, a la falta de urbanización y la precariedad de la educación.
Infancias con colegios en mal estado y sin parques
“Crecen con una desazón y con necesidades desde pequeños porque las ven. Se vuelven rebeldes, ya no creen en sus autoridades; sus padres hablan de que no tienen lo básico; son niños que crecen con insatisfacciones”, advierte el profesor Esmar, de Carabayllo.
Otros vecinos del lugar indican que en todos los años que vivieron en el distrito no han visto ni un solo proyecto de parque o centros recreacionales públicos aptos para los menores, como lo explica Yahaira, madre de un pequeño, quien denunció que una de las zonas calificadas como parque no tiene ni césped, ni bancas, solo juegos a los que les faltan las cuerdas para los columpios, asientos para los sube y baja y mantenimiento ante la corrosión.
Sin embargo, no es lo único. María Angélica, madre de familia, denuncia que en el colegio donde estudia su hijo no tiene escaleras. Los menores deben subir a la casa de estudios a través de la pedregosa ladera.
Sin agua ni desagüe
El agua también parece ser un privilegio y no un derecho básico. María también señala que su propia comunidad debe comprar agua a las cisternas y que gastan entre 30 y 45 soles, precio que varía según lo que pida el personal que suministra.
“El agua y el desagüe, eso es lo más importante. Nosotros mismos tenemos que comprar la cisterna. Arriba, para que bombée la cisterna, nos cobran entre 45 y 30 soles”, relata María.
Una vecina de la zona también señala que a veces los mismos aguateros no hacen caso y no ofrecen el líquido esencial que el Estado no ha logrado enviar a dichas zonas.
“Hay que caminar para llegar a casa, hay que tragarse el polvo, todo. A veces pasan los carros grandes y te lo tiran en la cara. No tenemos agua también. Es bien difícil; a veces los aguateros hacen caso, a veces no”, declara la vecina, quien, como madre de familia, dice que solo sale con sus hijos una vez a la semana por falta de parques y la inseguridad que crece ferviente en la capital.
