Tras una larga espera, el pueblo chalaco volvió a expresar su devoción al Señor de los Milagros, en una emotiva jornada marcada por la fe, los cánticos y las lágrimas. Miles de fieles acompañaron el recorrido de la venerada imagen por las calles del Callao. La multitud demostró que, pese al paso del tiempo, la fe morada sigue siendo una de las manifestaciones religiosas más profundas y sentidas del primer puerto.