Papa León XIV celebra el Día de Acción de Gracias a más de diez mil metros de altura
A bordo del Airbus 320neo de Ita Airways, a más de diez mil metros de altura, el papa León XIV vivió una escena tan inusual como simbólica: celebró el Día de Acción de Gracias junto a los 81 periodistas, camarógrafos y fotógrafos de unas veinte agencias internacionales que lo acompañan en su primer viaje apostólico al extranjero, con destino a Turquía y Líbano.
El gesto festivo surgió de varios comunicadores estadounidenses que, fieles a su tradición nacional, prepararon un pie de calabaza para compartirlo con el Pontífice. León XIV los saludó con una amplia sonrisa antes de tomar el micrófono del avión para dirigirse a todos en inglés.
«¡Feliz Acción de Gracias a los estadounidenses aquí presentes! Es un día maravilloso para celebrarlo y quiero comenzar dando las gracias a cada uno de ustedes por el servicio que prestan al Vaticano, a la Santa Sede y a mi persona, pero también al mundo entero», expresó, visiblemente emocionado.
El itinerario papal comenzó en Ankara, continuaría en Estambul y al día siguiente irá a Iznik, donde celebrará junto a patriarcas y representantes de diversas Iglesias los 1700 años del Concilio de Nicea, un aniversario cargado de significado ecuménico. A partir del 30 de noviembre, León XIV se trasladará al Líbano con el propósito de consolar a una población profundamente herida por conflictos y crisis sucesivas e implorar «una paz más urgente que nunca» en Oriente Medio.
PRIMER VIAJE APOSTÓLICO
Veinte minutos después del despegue, el Papa volvió a dirigirse a la prensa, y una palabra se repitió como un faro en su mensaje: paz. «Este viaje a Turquía y Líbano tiene, ante todo, un significado de unidad, celebrando los 1700 años del Concilio de Nicea… esperamos que mi presencia, la de la Iglesia y la de los creyentes, pueda anunciar, transmitir y proclamar lo importante que es la paz en todo el mundo», dijo.
El Pontífice insistió en que esta visita no es solo un desplazamiento geográfico, sino un mensaje dirigido tanto a cristianos como al conjunto de la humanidad: una invitación a caminar juntos, a buscar cada vez más la unidad y a mirar con nueva profundidad aquello que puede unir a hombres y mujeres de diferentes credos.
«Más allá de las diferencias, más allá de las diferentes religiones o credos, todos somos hermanos y hermanas», subrayó. «Y esperamos promover la paz y la unidad en todo el mundo». Entre el aroma del pie de calabaza, el zumbido constante del avión y las palabras cargadas de propósito, quedó inaugurado un viaje que —como él mismo expresó— aspira a ser un testimonio vivo de armonía, fraternidad y esperanza.
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