La decisión afectará a unos 2.000 trabajadores y existe la posibilidad de que a algunos de ellos se les ofrezca trabajo en otras partes del mundo.
A medida que la guerra avanza, el aumento de las bajas y la necesidad de rotar las tropas frescas en la batalla pueden ser desafíos más apremiantes que el coste financiero.
Rusia no ha dejado de pagar su deuda externa desde las secuelas de su revolución de 1917, pero sus bonos han surgido ahora como un punto de fricción en su disputa económica con los países occidentales.
Cientos de empresas occidentales se han retirado o han suspendido sus operaciones en Rusia desde que el país invadió Ucrania en febrero.
La Unión Europea aprobó esta semana nuevas sanciones contra Rusia, incluida la prohibición de importar carbón a partir de agosto.
La FAO advirtió el mes pasado que los precios de los alimentos y los piensos podrían aumentar hasta un 20% como consecuencia del conflicto en Ucrania.
Recostados en colchones de plástico, cientos de ucranianos, incluidas familias, esperaban esta semana en un refugio abarrotado del gobierno local, en la ciudad fronteriza Tijuana.
Entre los sancionados se encuentran el coronel general ruso Mijaíl Mizintsev y el vice primer ministro Dmitri Grigorenko, dijo la ministra de Asuntos Exteriores de Australia.
El país nipón ha intensificado las sanciones, que van desde la exclusión de Moscú de la red internacional de pagos conocida como SWIFT, hasta la inmovilización de los activos del banco central.
El embajador de Rusia ante la ONU expresó al Consejo de Seguridad que las tropas rusas no están atacando a los civiles y desestimó las acusaciones de abuso como mentiras.