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Sobreviviente de masacre en Colcabamba asegura que militares les plantaron municiones tras ataque armado

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mcandia@latina.pe
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El 25 de abril, en Colcabamba, Huancavelica, una intervención militar terminó en tragedia: una patrulla del Ejército disparó contra una camioneta, dejando 5 civiles muertos y 2 heridos. En un primer momento, el Ejército afirmó que se trató de un enfrentamiento con presuntos narcoterroristas. En exclusiva, Punto Final logró entrevistar a unos de los tres soprevivientes del ataque, quién rechazó esta versión y dio detalles inédito de lo ocurrido.

Por su parte, las investigaciones de la Fiscalía y Policía apuntan a otra versión: no hay evidencia de fuego cruzado, y el caso se indaga como presunto homicidio calificado y posible violación de derechos humanos. Ocho militares fueron detenidos preliminarmente, aunque luego continuaron el proceso en libertad. 

LA RECONSTRUCCIÓN DE LOS HECHOS

Punto Final llegó a Colcabamba para obtener el testimonio clave Jonathan Aguila Quispe, uno de los heridos que relató lo que pasó durante y tras el ataque, cuando regresaba junto a su sobrino tras participar en un partido de fútbol. Tiene 24 años, es ayacuchano, y es uno de los tres que logró salir vivo del ataque.

Luego de guardar silencio, recuperándose aún de las múltiples heridas de bala que tiene en el cuerpo, decidió hablar en nombre de aquellas cinco personas que no pueden hacerlo porque perdieron la vida tras el ataque militar. Uno de ellos era su sobrino Cristian Vilcatoma, tenía solo 18 años.

“El 25 de abril, aproximadamente las 4 a 4:15 de la mañana, cuando nosotros volvíamos de jugar nos han empezado a disparar. El primero de los disparos de frente ha sido al chofer y el chofer se ha tumbado para este lado y en ese momento sentimos que había piedras porque el carro casi como que se elevaba y después empezó a romper matorrales y todos gritábamos ahí, “¡auxilio, auxilio! Yo, como yo soy cristiano, yo oraba, dios mío, ayúdame, ayúdame, sálvame de aquí”, declaró.

A pesar de los rezos de Jonathan, las balas no se detuvieron: “Entonces, en ese momento, ya empezaron a disparar de atrás hasta que el carro se plantó en un matorral y empezaron a disparar tanto rato y de ahí ya no. Se acercaron y después abrieron las puertas y aún seguíamos vivos, pero estábamos agachados y ahí de nuevo volvieron para atrás, no sé cómo, cuatro o cinco metros y de nuevo empezaron a disparar”.

El chofer fue el primero en morir, según su testimonio. Su sobrino seguía con vida, pero herido. Al intentar abrir la puerta del vehículo se reanudaron los disparos: “Creo que ahí es donde lo rematan porque ya no le escuché nada ni gritar nada porque cuando ellos se acercaban seguían disparando”.

Jonathan resultó con múltiples heridas de bala y esquirlas, una incluso le hirió la cabeza. Él cree que eso impidió que los soldados lo remataran porque cuando se acercaron lo vieron cubierto de sangre. Ahogó su respiración, fingió estar muerto en su desesperación. 

El enfermero de profesión señala que su sobrino era capitán de su equipo Sport Juventud Buena Libra Vizcatán, que juega la Copa Perú a nivel distrital. Recuerda que los militares jamás los detuvieron, solo abrieron fuego desde los arbustos, que les servían como camuflaje, mientras protegían sus identidades con pasamontañas, cafarenas negras, chalecos verde oscuro y botas.

La siguiente parte del testimonio es clave. En el vehículo no se encontraron armas, ni droga. Solo municiones. Jonathan explica cómo habría llegado al vehículo tras escuchar una conversación de los militares: “Mi sub, aquí adentro no hay carga, no hay carga. Creo que nos equivocamos de carro. Como no encontramos nada, ¿qué hacemos?”. A lo que el otro interlocutor respondió: “Hay que meterle bala”. Tras darse cuenta del error, arrojaron balas al chofer y al copiloto, indica el testigo.

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