Lima

Incor en crisis: decenas de niños con cardiopatías no pueden ser operados

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mcandia@latina.pe
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Muchas veces personas inocentes pagan las consecuencias de una mala gestión estatal. La vida de decenas de niños, quienes por razones inexplicables nacieron con cardiopatía congénita, corre peligro debido a que no pueden acceder a las cirugías que necesitan por la crisis que atraviesa el Instituto Nacional Cardiovascular de Essalud (INCOR), centro supuestamente especializado en las operaciones más complejas por contar con personal altamente especializado y a su tecnología de punta.

Sin embargo, Punto Final pudo constatar —tras ingresar a sus instalaciones— que el INCOR padece una falta de insumos y sus equipos esenciales llevan meses malogrados, por lo que no pueden programar las cirugías de decenas de niños con cardiopatías. 

En tanto, médicos y enfermeras denuncian problemas de gestión, burocracia y escasez de recursos que han debilitado gravemente el funcionamiento del instituto. Esta crisis no solo afecta la reputación del INCOR, sino que pone en riesgo la vida de numerosos pacientes que necesitan una operación urgente para seguir viviendo.

PERSONAL DEL INCOR DENUNCIA ABANDONO

Si bien en redes sociales, el INCOR promociona las proezas médicas que realizan los médicos de la institución y los viajes que realizan para descentralizar la atención, la realidad que se vive dentro sería otra: “De los 10 ecocardiógrafos que deberíamos tener, solo funciona uno. Eso no puede ser posible”, dice uno de los médicos del centro.

Este dominical pudo captar en imágenes cinco ecocardiógrafos que lucen malogrados con un cartel que así lo indica. Pese a ello, el Dr. Luis Alberto Buleje, director del INCOR, afirma que únicamente cuatro están malogrados y asegura que se alquiló un número similar de equipos para sustituirlos.

Frente a ello, un grupo de médicos cirujanos, de los más prestigiosos de nuestro país en temas complejos del corazón, junto con enfermeras especialistas, realizó un plantón afuera del instituto. No pedían un aumento de sueldo, ni cambio de régimen laboral, tampoco bonos y beneficios, pedían algo que parece lógico: trabajar con todos los recursos propios de un instituto médico del más alto nivel como el INCOR.

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